C-31
Volver al listado| Nombre del objeto | silla |
|---|---|
| Título / Nombre propio | C-31 |
| Autores / participantes |
Casablancas Muntañola, Jordi (1940 - 2001) / disseny Mobles i Decoració Casablancas / producció / Esparraguera, Barcelona: 1966-1988 |
| Lugar de ejecución | Esparreguera |
| Datación | 1966 |
| Dimensiones | 58.5 x 32 x 30 cm |
| Material |
espadaña haya |
| Ingreso | donación Jordi Casablancas Muntañola, 1995 |
| Número registro | MADB 135721 |
Descripción
Silla para niños realizada con madera de haya. Los elementos verticales están torneados y los travesaños son de sección rectangular. El bastidor de enea está trenzado sobre la misma estructura. El respaldo está hecho con una madera maciza tallada en curva, cuyo extremo termina en unas cuñas que reducen la superficie de contacto con los montantes y simplifican el encaje. El diseño de muebles infantiles y juveniles es una constante en toda la obra de Casablancas. Durante los años sesenta aparece en Cataluña un movimiento de renovación pedagógica impulsado por una burguesía local, de carácter catalanista y progresista, con el que Casablancas manifiesta sentirse muy identificado. El problema era que en el mercado no había un equipamiento adecuado para las necesidades formativas y educativas de niños y adolescentes, los cuales eran contemplados por los fabricantes de mobiliario como una especie de adultos de pequeño formato, sin ningún tipo de necesidad específica. Casablancas advierte e interpreta en términos de diseño este problema y le da respuesta con una extensa oferta de programas infantiles y juveniles en el que siempre predominan los criterios de calidad, resistencia, duración, funcionalidad y servicio al desarrollo del niño. A diferencia de las sencillas sillitas de enea tradicionales, este modelo se fabricaba con materiales de primera calidad: una vez construida la estructura con procedimientos industriales, era enviada a Girona para que se trenzase el asiento de acuerdo con los mejores procedimientos artesanos. Gracias a su robustez y durabilidad, este modelo se vendió muy bien hasta la segunda mitad de los años ochenta, cuando no pudo hacer frente a la subida de precios que el nivel de calidad exigía. Paralelamente a este problema, apareció una tendencia social por la cual la gente prefería amueblar las habitaciones de los hijos con piezas más informales, de coste inferior y que abarcasen un abanico de edad más amplio. La suma de este factores negativos determinó el abandono de la producción en 1988. Isabel Campi
