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Compact

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Compact
Nombre del objeto servicio de mesa
Título / Nombre propio Compact
Autores / participantes Ricard Sala, André / disseny
Porcelanas Bidasoa / producció / Irun, Guipúscoa: 1962 - c.1971
Lugar de ejecución Irun
Datación 1962
Dimensiones 3 x 25 x 25 cm; 4 x 20 x 20 cm; 2.5 x 21 x 21 cm; 7 x 12.5 x 12.5 cm; 3.5 x 18.5 x 12.5 cm; 4 x 30 x 21 cm; 4.5 x 40.5 x 21 cm; 12 x 30 x 23.5 cm
Material porcelana
Ingreso donación Daniel Giralt-Miracle, 1997
Número registro MADB 136016-0

Descripción

En 1962, André Ricard diseñó para la empresa Porcelanas Bidasoa una vajilla completa que ocupa un lugar muy destacado tanto en la obra del autor como en la historia reciente del diseño catalán: la vajilla Compact. Esta vajilla de porcelana blanca está integrada por ocho piezas: el plato llano, el plato hondo, el plato de postre, el bol con tapa y tres fuentes de tres tamaños diferentes. Las fuentes, de forma rectangular, están moduladas de forma que dos pequeñas caben en una mediana, y ésta en la más grande. Las tapas de los boles y de la sopera tienen una corona interior rehundida, y en el centro de la misma sobresale un botón que actúa como asa. La sección del plato y de las fuentes tiene un grosor notable y acaba en un canto rectangular. Mai Felip ha relatado la situación y la referencia que inspiraron la idea de esta vajilla: las vajillas de los restaurantes de tren con las que Ricard cenaba periódicamente de camino al País Vasco, precisamente por su continuada relación con la empresa Bidasoa, para la que ya había realizado tres proyectos (un servicio de aperitivo y un servicio de café en 1960, más un servicio de desayuno en 1961). “Así nació, poco a poco, viaje tras viaje, la idea de diseñar una vajilla doméstica de porcelana suficientemente gruesa para que se utilizara a diario”, explica Mai Felip. Efectivamente, Compact no nació de un encargo, sino que fue el diseñador quien le sugirió la idea a la empresa una vez madurada. Hay que destacar cuatro aspectos: el concepto de uso, las resoluciones funcionales, el racionalismo estético y, como consecuencia de todo ello, la innovación cultural que supuso en su momento. En primer lugar, se puede decir que Compact es mucho más que una vajilla. Compact rompía con las convenciones de cómo se servía la comida e introducía un nuevo concepto de piezas multiusos. El juego de piezas, muy diversificado y especializado en una vajilla convencional, queda reducido a ocho (uno de los motivos del nombre del producto). Con esta síntesis de usos desaparecen, por ejemplo, las salseras y aparece una tipología diferente de elementos: un bol con tapa que sirve tanto para la sopa como para el café con leche y que se puede usar como taza o como bol; unas fuentes que sirven tanto para la carne y el pescado como para la verdura, la ensalada o los platos combinados. Más exactamente, los elementos de esta vajilla querían convidar al usuario a “inventarse” los usos partiendo del supuesto de que unos pocos elementos cubrían todas las necesidades. Compact estaba pensada, evidentemente, como un servicio de mesa para uso diario pero que, a la vez, hiciera prescindible una vajilla para las ocasiones especiales. El uso diario comporta también una serie de resoluciones funcionales. Son unos objetos robustos y resistentes, con un canto que difícilmente se puede romper o desconchar. El diseño del reborde periférico sirve para impedir que se derramen los líquidos o las salsas. Finalmente, los cacharros son piezas componibles cuando están en la mesa, pero también apilables y compactas cuando están en el armario o en la estantería. La economía de espacio y la modulación, una preocupación típicamente funcionalista, son, asimismo, el fundamento del peculiar diseño del asa de las tapas. Es evidente que Compact sigue los pasos de referencias e inspiraciones más genuinamente funcionalistas. Se trataba de transferir los atributos de las vajillas industriales para hostelería, especialmente las soluciones y los recursos del menaje hotelero de los medios de transporte como el tren o el avión, al ámbito doméstico. Sin embargo, en este proceso, el diseño opera como un resimbolizador del gusto. La estética racional a la que se adscribe Compact se basa en una selección formal: la geometría pura (círculos y rectángulos), la simetría y la neutralidad cromática (el blanco puro, símbolo de la higiene). Ricard abandona en esta vajilla la tentación decorativista todavía presente en las aplicaciones gráficas de otros servicios de mesa hechos para la misma empresa: el servicio de aperitivo Jerez (MADB 136010-MADB 136015), el juego de café Hispalis de 1960 (MADB 135984-MADB 136008) y el servicio de desayuno Alone de 1961 (MADB 136023-MADB 136028). Estamos ante un trabajo de síntesis gramatical en el que no hay lugar para el ornamento ni para la decoración, pero que no es ajeno a una vocación formalista. La austeridad y la elementalidad de las piezas se une al gusto por las composiciones de círculos concéntricos o módulos rectangulares. La serie, la matemática, la estructura, el sistema, configuran un lenguaje de la abstracción racionalista que establece relaciones con un ejercicio de composición de la escuela de Ulm, un cuadro de Max Bill o la vajilla de hostelería de Hans Roericht diseñada para Rosenthal en 1959, unas referencias familiares a André Ricard en el momento de diseñar Compact. Miguel Milá ha afirmado de manera contundente que Compact "es la primera vajilla de porcelana de la modernidad", una afirmación nada exagerada si reconstruimos el entorno y los usos de principios de los sesenta. En aquellos momentos, la vajilla de porcelana era un elemento central en el menaje de la casa. Formaba parte de la dote o era el regalo de boda por excelencia. Eran vajillas completas (al menos en el caso de los sectores sociales medios y altos), tradicionales e historicistas, decoradas y lujosas. Pero sólo se sacaban en ocasiones excepcionales, como Navidad y los cumpleaños. A diario, se utilizaban vajillas de loza o, en los hogares más actualizados, vajillas de Duralex. Además, los usos de la comida eran estrictamente convencionales. En este contexto, como decía Milá, la radicalidad conceptual, funcional y estética de la vajilla Compact inauguraba en este campo la modernidad. Como ha reconocido el mismo autor, Compact tuvo un limitado éxito comercial, aunque sí interesó a “un reducido círculo de colegas y público ilustrado”, reconocimiento que se expresó el mismo año 1962 con la concesión del Delta de Oro ADI/FAD. Ahora bien, pocas personas estaban en contacto con la cultura europea y americana, tanto en lo referente a las corrientes estéticas como a los hábitos cotidianos, y Compact sí tenía una relación directa y coetánea con ella. El concepto de diseño que reflejaba esta vajilla era “demasiado avanzado con respecto a lo que la gente en general estaba dispuesta a aceptar”. El gusto y las costumbres de la clase media de principios de los sesenta eran, efectivamente, muy conservadores. Hubo que esperar unos años para que el país se hiciera más permeable a la novedad y a las influencias foráneas. La modernización económica y cultural activó la modernización de símbolos y gustos, y fue entonces cuando la franja sensible a un producto de estas características se fue ampliando. Así, el interés por Compact en la década de los ochenta (cuando hacía años que no se fabricaba ni se comercializaba) motivó que la misma empresa encargara a Ricard una nueva versión basada en el mismo criterio que la de 1962. A raíz de este encargo, Ricard diseñó en 1987 la vajilla Basic (MADB 136421 – MADB 136450). Oriol Pibernat (Maria José Balcells, documentación)

Historia del objeto

Premis: Delta d'Or, 1962, ADI FAD, Barcelona.

Bibliografía

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