tirador (manija)
Volver al listado| Nombre del objeto | tirador (manija) |
|---|---|
| Autores / participantes |
Moragas i Gallissà, Antoni de (1913 - 1985) / disseny Polinax (1965 - 1982) / producció / Vilanova i la Geltrú, Barcelona: 1965 CIVE, Compañia Inmobiliaria de Viviendas Economicas / producció / Barcelona: 1957 - 1960 EDIBS / producció / Barcelona: 1960 - 1964 |
| Lugar de ejecución | Barcelona |
| Datación | 1957 |
| Dimensiones | 19.2 x 13 x 8.5 cm |
| Material |
aluminio poliestireno |
| Material / técnica | Fosa d’alumini i poliestirè |
| Ingreso | donación Daniel Giralt-Miracle, 1995 |
| Número registro | MADB 135809 |
Descripción
De toda la obra del arquitecto y diseñador Antoni de Moragas, la manija con bola de madera es probablemente su mejor diseño, hasta el punto de que se ha convertido en un icono emblemático del diseño catalán de los pioneros. A pesar de que se comenzó a instalar en interiores y a comercializar a principios de los años sesenta, nunca ha perdido su carácter de producto de los cincuenta, probablemente debido al contexto histórico en que se realizó. En realidad, aún hoy es difícil saber cuándo la diseñó Moragas, puesto que algunos dicen que fue concretamente en 1951, sin que existan pruebas, mientras que otros la sitúan, sin precisar una fecha concreta, en los años cincuenta. El arquitecto Albert Bastardes, que colaboró en muchas ocasiones con Moragas, explicó en 1960 que fue a raíz de la construcción y equipamiento del ático de la calle Baixeras, que sería su casa (1956-1957), cuando Moragas fue más allá de los “salones del hogar humilde y económico” (1954, 1957) y “ahora también los tiradores de las puertas, las luces, la chimenea, la escalera son estudiados con el mismo amor”. Afirmó que, después de su casa, las últimas realizaciones de Moragas eran “el juego de manija y falleba, de metal negro rematado por una esfera de madera muy agradable al tacto”. Que Moragas estuvo orgulloso del resultado se ve porque presentó la manija y el pasador en la primera selección de los premios ADI/FAD. En la primera versión de la manija y el pasador, los materiales eran el hierro y la madera en la bola de la manija. Se producían en su propia inmobiliaria, CEVI. Aunque no hemos encontrado constancia de dónde se instaló por primera vez, fue en esos años, entre 1957 y principios de los sesenta, cuando el arquitecto construyó en la periferia del Ensanche de Barcelona la mayoría de edificios entre medianeras de pisos dirigidos a las clases medias que más caracterizan su obra. Este diseño responde claramente a la voluntad de disponer de acabados acordes con su estilo y concepto de la arquitectura. Tanto los arquitectos Albert Bastardes, Rafael Marquina y Juli Schmid, como también el diseñador Miguel Milá, dicen que “hay que entender que en aquella época no había nada; ibas a buscar un tirador y sólo los encontrabas de latón ornamentado; tampoco había manijas, ni materiales de revestimiento; había que hacerlo todo”. En el caso de Moragas, sin embargo, había una cosa más: tenía que ser el arquitecto quien lo coordinara todo, había que “reconquistar para el arquitecto lo que se ha llamado sin ton ni son decoración a secas”. Como la mayoría de arquitectos de Barcelona, había asumido esa concepción de la profesión según la cual un arquitecto podía hacerse cargo dal cucchiaio alla cittá. Los problemas y las diferencias en el seno del núcleo inicial de arquitectos renovadores de la posguerra llegaron cuando hubo que saber qué implicaba proyectar la ciudad, y qué tenía que ser una cuchara. En el caso de Moragas, los dos extremos siempre quedaron vinculados a la arquitectura, pero de un modo que era cada vez más difícil de explicar. Como dijo un poco más tarde: “Para el arquitecto actual puede tener incluso más interés dibujar y resolver las manivelas de una puerta que unas viviendas, que ya han dado tanto de sí”. En 1959, la posibilidad de emprender la industrialización de la manija pareció posible, de modo que Moragas y otros socios invirtieron en una “editora” de diseño que se montó siguiendo el modelo del sector editorial, de la cual Albert Bastardes y Juli Schmid, aún estudiantes, eran los propietarios. Así nació en 1960 EDIBS, Editorial de Diseño Industrial Bastardes Schmid, empresa que prácticamente sólo editó piezas de Moragas, como la manija y la falleba. Al pasar a EDIBS hubo cambios de materiales, por más que la pieza estaba perfectamente definida y experimentada, y las piezas fueron entonces de aluminio y los tapajuntas podían ser de diversas medidas, mientras que la bola seguía siendo de madera. La editora y la producción de la cerradura respondían a la voluntad de industrializar el diseño en el sentido defendido por Moragas en 1954: “Debemos ambicionar [...] que el albañil más humilde [...] pueda utilizar cualquier elemento más propio de nuestra época y que pueda adquirirlo en la esquina más cercana”. Desde esta perspectiva, industria no era sólo producción, sino sobre todo distribución y comercialización, es decir, poner en el mercado piezas diseñadas, fabricadas a máquina o no. Ahora bien, cuando EDIBS emprendió la producción, el precio de la manija aumentó sustancialmente en relación con el precio de coste que tenía cuando la encargaba la inmobiliaria de Moragas, lo cual dificultó su aceptación por parte de otras inmobiliarias. En cuanto al diseño, Bastardes también explica que, si bien tiene la ventaja de poder ponerse en toda clase de puertas con independencia de su grosor, sólo admite una única cerradura, HERMU, patente de los Hermanos Murcia. Cuando ésta dejó de fabricarse a mediados de los años sesenta, la manija Moragas dejó de hacerse también. En 1964 EDIBS cerró porque una constructora no quiso quedarse con la partida de manijas que había encargado, y en 1965, cuando Polinax se hizo cargo de la producción, sólo estuvo un año en catálogo por falta de cerraduras, aunque se presentó a los premios Delta de 1965. La bola era entonces de plástico, de manera que la manija ganó anonimato industrial pero perdió identidad. La concepción de la manija responde al principio del acoplamiento de componentes diferenciados por el material, la función y la forma. Cada uno de los componentes está resuelto de una forma cerrada en sí misma que busca el contraste de formas, en lugar de la unión, especialmente en la esfera de madera. Sin embargo, los perfiles están suavizados para encubrir la agresividad del planteamiento conceptual. En cuanto a los elementos funcionales, la dirección del manubrio indica cómo hay que hacer presión para abrir y hacia dónde se abre la puerta. Sobre Moragas ya se ha dicho casi todo: desde su gusto por los detalles hasta el uso compositivo de los contrastes en su arquitectura; la coherencia de planteamiento que integra el ámbito de trabajo –la casa media de ciudad–, la tipología de edificios –los bloques residenciales entre medianeras– y las posibilidades reales de los procesos y técnicas constructivas del país. En el contexto de la época, cuando ya estaba en marcha la creación de una asociación de diseñadores industriales que todavía era entendida como una continuidad del oficio de arquitecto, y cuando la arquitectura se debatía en la superación del organicismo a través de un realismo en sus dos vertientes —la arquitectónica, de resignación ante el legado artesano en la tecnología y, en la artístico-cultural, de rechazo de la paradoja cultista en la posición social del arquitecto—, esa manija, medio artesanal, medio industrial, medio agradable, medio dura (especialmente en la versión de metal negro) queda como un manifiesto de compromiso de la posición de Moragas. En ella es patente el avance del brutalismo expresionista en la arquitectura, pero también la voluntad de desarrollo industrial a gran escala para el diseño. En poco tiempo, sin embargo, la manija se fue decantando por una corriente estilística intermedia que sería muy importante en la cultura barcelonesa de los años sesenta, es decir, la muy moderna austeridad de voluntad posconciliar. Anna Calvera
Bibliografía
Amann, A Cánovas, A. (1998). 1946 - 1961. El diseño de Mobiliario en la España de los cincuenta. Experimenta. Monografía Observatorio Fin de Siglo. Diseño del Mueble en España 1902-1998, 20, 41-45, 45
Capella, J., Larrea, Q. (1991). Nuevo diseño español. Barcelona: Gustavo Gili SA, 170
Corredor-Matheos, J. (1997). El disseny industrial. Dins Disseny, vestit, moneda i medalles (p.11-81). Barcelona: L'Isard, 34
Marquina, R.(1965). Los premios ADI / FAD 1965. Cuadernos de arquitectura. , 62, p.32-33
