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aceitera

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aceitera
Nombre del objeto aceitera
Autores / participantes Marquina, Rafael (3-11-1921 - 5-6-2013) / disseny
Mobles 114 / producció / Barcelona: 2000 - 2016
Dedior / producció / Barcelona: c.1961 - 1962
Diseños Especiales / producció / Barcelona: c.1970
Nani Marquina. Diseño y Promoción, SL / producció / Barcelona: 1991 - 2000
Lugar de ejecución Barcelona
Datación 1961
Dimensiones 19 x 8.6 x 8.6 cm; 17 x 9.7 x 9.7 cm
Material vidrio
Ingreso donación Nanimarquina, 1994
Número registro MADB 135612-0

Descripción

Las vinagreras diseñadas por Rafael Marquina son probablemente uno de los diseños catalanes más emblemáticos. Siempre se ha destacado su originalidad y se ha dicho que su novedad deriva del hecho de partir de la forma de los instrumentos de laboratorio y de las técnicas del vidrio habituales en perfumería, en vez de perpetuar la forma heredada de la artesanía. Se trata, por tanto, de una especie de mestizaje entre una forma totalmente lógica, como la de los útiles de laboratorio, y el uso de una técnica artesanal como la del vidrio soplado. Estas vinagreras han servido de ejemplo para hablar de metodología del diseño, para demostrar cuántos significados hay implícitos en la síntesis de la forma, de la capacidad que tiene un objeto para explicarse a sí mismo, del legado de la artesanía que la industria puede aprovechar, etc. Ahora ya son un clásico, un clásico popular. La mejora funcional que suponen, al evitar que se vierta el aceite y la aceitera manche, explica el éxito alcanzado, pero a él han contribuido también la pureza de la forma, la sinceridad del utensilio, su discreción, etc. La génesis del producto obedece a una iniciativa propia. Cuando, en 1961, el recientemente constituido grupo de ADI/FAD fue invitado a participar por vez primera en un congreso del ICSID (International Council of Societies of Industrial Design), sus miembros decidieron reunir una serie de objetos para demostrar que había un diseño industrial español y, de esta manera, facilitar su aceptación como socios de esta institución internacional. Ante el reto planteado, Rafael Marquina pensó en diseñar unas vinagreras. Las circunstancias que llevan a iniciar el diseño de un producto son muy diversas. En el caso de Marquina, decidió diseñar unas vinagreras gracias a una bofetada que le dieron cuando era niño porque, cuando se servía el aceite, no cogía también el platillo que en su casa ponían bajo la aceitera para proteger el mantel del aceite que siempre se vertía y lo pringaba todo. Así pues, sabía por experiencia propia que aquél era un problema común y compartido en toda la cuenca mediterránea, donde se aliña con aceite, y sospechaba que era un problema de diseño industrial. Por eso, como él mismo ha dicho tantas veces, el diseño de las vinagreras fue el típico proyecto que empieza con la identificación y el análisis de un problema de carácter funcional. El diseño se inició con un proceso de prueba y error, trabajando sobre prototipo con artesanos, empresarios del vidrio y colegas. La experimentación empezó en el taller de soplado de vidrio, trabajando con tubos estándares de pyrex y vidrio mecanizado o preformado. Este último es un vidrio que se puede manipular una vez enfriado y permite unir tubos de diferente diámetro una vez hecho el primero. Esto era muy útil para unir el pico con el embudo y el cuerpo. En cuanto a éste, el recipiente, su forma y sus dimensiones estaban pre-establecidas, pues pyrex es una marca que tiene todas las formas patentadas. Las primeras vinagreras, que ganaron el Delta y se expusieron en Barcelona, eran de cuerpo cilíndrico, con un cuello largo que iba desde el cuerpo hasta la base del embudo y que sustituía al asa. La unión entre pico y cuerpo era horizontal. La clave de las vinagreras radicaba en que no se vertía líquido gracias al embudo que recogía la gota que resbalaba desde el pico y la devolvía al interior del recipiente por un agujero del cuello. Como había que abaratar costes, simplificar el proceso de producción y adecuar mejor la aceitera a la circulación del líquido, a la limpieza y a la protección del contenido contra el polvo, pronto apareció una segunda versión. La forma cónica del recipiente surgió de inmediato, pues era mucho más adecuada a la mecánica de fluidos y se podía fabricar con vidrio normal, mucho más económico, y hacerse en molde de rotación. Para evitar las marcas de las juntas del molde, los acabados se hacían a mano. El pico seguía siendo de pyrex. En una primera versión de este modelo, estaba soldado al cuello y dejaba un agujero para que entrara aire y recogiera la gota. Tras la última modificación, ya había dos piezas y se evitaban las soldaduras. Hablando con un fabricante de vidrio, surgió la idea de esmerilar el punto de contacto entre pico y cuello. La superficie rasposa fijaba un pico que ahora también hacía de tapón. Esto simplificaba el proceso de producción y, al mismo tiempo, mejoraba las prestaciones. Dice Marquina, citando a un colega, que “además, hemos pensado que es más fácil de lavar”. Marquina suspendió la producción de las vinagreras en 1962 y se olvidó de Dedior, su productora (“Ya perdía dinero”, dice), pero las patentó. En 1970 las expuso en Madrid en EXCO, una segunda muestra de diseño industrial organizada por el Ministerio de la Vivienda. Su productora se llamaba entonces Diseños Especiales, aunque no era muy productiva. Unas vinagreras que prácticamente no existían en el mercado seguían siendo un símbolo de la cultura del diseño industrial. Sin embargo, poco tiempo después encontró su aceitera en un puesto de mercado. El artesano que había hecho el prototipo siguió elaborándolo, e incluso también lo había patentado. Después había vendido la patente. Marquina sonríe cuando explica que, gracias a su aceitera, algunas vidrierías dedicadas a la producción artesanal de objetos tradicionales pudieron sobrevivir en los años sesenta. A mediados de los años setenta, las vinagreras eran el producto que mejor se había vendido en la tienda Vinçon de Barcelona. Así pues, fue Vinçon quien difundió estas vinagreras entre el gran público y posibilitó que se convirtieran en un producto de gran consumo. Era el momento para que Marquina reemprendiera su producción, pero ya existían varias patentes y diversos productores. Idea Mueble, tienda de muebles y accesorios de Barcelona, las había expuesto en una feria de Italia. También allí se imitaron y se produjeron. Marquina intentó mejorarlas para abaratar el coste y hacerlas más “industriales”, pero no lo consiguió: el diseño ya estaba cerrado. Marquina siempre las ha concebido en dos tamaños y formas, con el fin de diferenciar el aceite del vinagre: “son dos líquidos de fluidez y consumo diferente”. En la segunda versión ya eran así, pero el público consumidor ha preferido finalmente una sola medida para poder intercambiar las piezas cuando se rompen. La transparencia del vidrio permite que el color del líquido indique por sí mismo cuál es cuál. Así pues, el público ha contribuido también a la síntesis de la forma definitiva. Anna Calvera

Historia del objeto

Premio Delta de Oro, ADI-FAD, 1961

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