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Agua Lavanda Barcelona

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Agua Lavanda Barcelona
Nombre del objeto frasco 
Título / Nombre propio Agua Lavanda Barcelona
Autores / participantes Ricard Sala, André / disseny
Antonio Puig Perfumes / producció / Barcelona: 1963 - 1968
Lugar de ejecución Barcelona
Datación 1963
Dimensiones 15.5 x 10 x 5 cm; 15.6 x 10.9 x 4.5 cm
Material encina
rafia
vidrio
Ingreso donación Antonio Puig Perfumes S.A., 1994
Número registro MADB 135707-0

Descripción

El frasco de Agua Lavanda Barcelona fue diseñado por André Ricard en 1963 por encargo de la empresa Antonio Puig Perfumes. Este diseño merece una atención especial tanto por lo que representa en la evolución de dicha compañía perfumista como por la significación que tiene en la carrera profesional de su autor. Ambos itinerarios permanecerán estrechamente vinculados desde ese año, pues con este diseño se inicia una prolífica colaboración entre un diseñador pionero y una empresa pionera en la incorporación y compromiso con el diseño. A principios de los años sesenta, los directivos de esta empresa familiar tuvieron conocimiento de la existencia de profesionales del diseño por medio del diario La Vanguardia, que publicó un artículo en el que se hablaba de la Asociación de Diseñadores Industriales del Foment de les Arts Decoratives y se citaba a algunos diseñadores, como Antoni de Moragas, Alexandre Cirici Pellicer, Oriol Bohigas y el propio André Ricard. Durante la visita que hicieron a la Feria de Muestras de Barcelona en 1961, les llamaron la atención las vajillas de la empresa Porcelanas Bidasoa de Irún. Poco después apareció un reportaje de Albert Bastardes en la revista Serra d'Or en el que se citaban los trabajos de Ricard para Bidasoa. A partir de este descubrimiento, Puig se puso en contacto con él, pues lo que habían visto respondía al tipo de trabajo que la empresa quería introducir en sus productos: una modernización de la forma que tuviera en cuenta el proceso industrial del objeto. Hacía unos años que Antonio Puig Perfumes, paralelamente a su crecimiento, experimentaba la colaboración con artistas, escultores y creativos publicitarios. No obstante, la empresa no acababa de estar satisfecha con los resultados obtenidos en los frascos. En su intento de abandonar el uso de envases genéricos, terminaba en diseños que no se ajustaban a los requerimientos de elegancia y sofisticación propios de la perfumería y que, además, implicaban serias dificultades para su fabricación industrial. Agua Lavanda, que ya entonces era el producto líder de la empresa, se había presentado en 1940 con un frasco de vidrio octogonal que, más tarde, en 1958, evolucionó hacia un envase de tipo troncocónico. Además, desde 1953 existía una presentación para la exportación con un envase de vidrio forrado con mimbre que se inspiraba en la garrafa artesana. En junio de 1961, la empresa Puig encargó a André Ricard el estudio para la actualización del frasco de Agua Lavanda Puig. Aunque los primeros esfuerzos se centraron en el rediseño del envase octogonal para transformarlo en un cono de revolución, y después en un envase de base triangular, el proceso de diseño no se completó hasta 1965, y el primer fruto visible de esta colaboración fue otro proyecto: el de un frasco enteramente diseñado para la exportación del producto que vio la luz en 1963. El diseño realizado por Ricard en 1963 es un frasco de vidrio ahumado y tonalidad verdosa con forma de gota ovoide, achatada en la base y de sección más o menos elíptica. El envase está coronado por un tapón cilíndrico de madera de encina natural con cierre de rosca. Este tapón lleva grabado a fuego, en la parte inferior y siguiendo la superficie circular, la leyenda “Lavanda Puig”. Y aún hay un detalle más: una cinta de rafia sella el tapón al frasco de vidrio, dando una vuelta completa al mismo en sentido vertical. Esta presentación se completaba con una caja de cartón blanca y azul por dentro que también estaba sellada mediante una cinta de rafia lacrada en la parte superior y que sujetaba una etiqueta con el nombre del producto. El frasco de Ricard rememora en cierto modo el concepto de envase artesano. Pero, a diferencia del Agua Lavanda de 1953, su solución se puede industrializar y tiene una superior nitidez formal. Ricard diseña un frasco absolutamente depurado, con un formato estable y al mismo tiempo ligero, coherente con un tipo de fragancia fresca y acuosa. La forma de gota y las cualidades del vidrio crean una relación de parentesco entre el continente y el líquido que contiene. Por otra parte, el diseño apuesta por una elegancia sobria y austera, alejada de las formas barrocas o folclóricas de la perfumería de la época, pero suficientemente identificable como imagen inscrita en el mundo de la perfumería. La forma y la elección de los materiales (el vidrio ahumado, el tapón de encina, el grabado al fuego, la cinta de rafia y el sello con lacre) proporcionan a Agua Lavanda una identidad singular, asociada al imaginario de los recipientes de las civilizaciones tradicionales, artesanas y agrícolas. La mediterraneidad del diseño se hizo patente desde el primer momento, por ejemplo, en el comunicado publicitario que se hacía eco de la repercusión del frasco Agua Lavanda en la Feria de Nueva York de 1963: “El Mediterráneo es la unidad de un círculo de culturas de poca extensión y mucha profundidad, cada una de ellas íntimamente ligada a un paisaje, un tipo humano y un concepto de la vida, de hacer las cosas y de expresarlas. Cada rincón es él mismo, y al mismo tiempo contiene el poso de todas las demás culturas que en él se han decantado durante siglos. El gran éxito alcanzado en la Feria de Nueva York por un pequeño y bello objeto diseñado en Cataluña es un éxito de esa fascinación mediterránea. Se trata de la botella para el Agua Lavanda Puig (…) Esta pequeña obra maestra del diseño es un ejemplo de la riqueza de sugestiones que un núcleo mediterráneo de cultura puede aportar a lo hombres y las mujeres del mundo industrial de hoy.” En todo caso, las referencias vernáculas no se contradicen con la modernidad que comporta un diseño basado en los principios del racionalismo internacional al que se adhería Ricard. Los dos universos estéticos de referencia (como había ocurrido con Sert en arquitectura) coincidían en el principio de la economía de la forma y en el tratamiento claro y sólido del volumen. Y fue esta coincidencia la que Ricard buscó. Este diseño de frasco, conocido como "Diseño Barcelona", se ha usado desde 1968 como envase para Agua Brava de Puig. Ricard, que desde aquel primer encargo de Puig trabajó de forma continuada en muchos productos de la empresa, diseñó un nuevo envase con forma de petaca cuadrada para Agua Lavanda en 1975 (MADB 135683 – MADB 135686). El frasco de Agua Brava es fundamentalmente el mismo que el conocido como "Diseño Barcelona", pero en él se pueden apreciar algunas diferencias: el ahumado del vidrio tiene ahora una tonalidad ámbar gris y la marca del producto está estampada en el mismo vidrio, el tapón de madera es de color caoba y se prescinde del cordón de rafia. Los cambios cromáticos responden, sin duda, al nuevo contenido del envase, que se presenta como un agua de colonia masculina. Aunque las ligeras modificaciones del frasco para adaptarlo al nuevo producto rebajan algunas cualidades estéticas con respecto al original, su ininterrumpida presencia en el mercado desde 1963 corrobora la vigencia de un diseño que, como otras piezas del mismo autor, tiene vocación atemporal. El formato original de Agua Lavanda, pensado para la exportación, acompañó a Puig en su apertura a los mercados exteriores. Se presentó como uno de los mejores productos españoles en la Feria de Nueva York de 1963 y pronto obtuvo diversos reconocimientos que sirvieron para que la empresa diera un giro definitivo en su política de productos. Como dice Enrique Puig: "toda esta fulgurante lista de éxitos nos llevó a la conclusión de que no se trataba de una coincidencia, sino que nos hallábamos en el camino correcto. Este envase, además de abrirnos las puertas a los mercados exteriores, sirvió para confirmar lo que a nivel intuitivo ya sabíamos: íbamos a utilizar el diseño como punta de lanza para introducirnos en el mercado mundial". El éxito de este frasco inspiró su imitación (e incluso la copia) en otros productos del mundo de la perfumería. Es, sin duda, una de las piezas que adquirió una proyección internacional más notable entre los diseños realizados en los años sesenta, tanto por sus cualidades intrínsecas como por la apuesta que Antonio Puig Perfumes hizo por un envase que publicitó como "Diseño Barcelona". De alguna manera, se puede considerar el diseño del frasco de Agua Lavanda Barcelona como el punto de arranque de una parte de la obra de André Ricard que permanecerá vinculada al sector de la perfumería, como un hito para Puig, que desde entonces ha asumido el papel de empresa valedora del diseño, como uno de los ejemplos más representativos del diseño industrial catalán de la década de los sesenta y, finalmente, como una forma que se ha hecho popular, que está ligada a la memoria colectiva y que aún está presente en las tiendas. Oriol Pibernat (Maria José Baltanás, documentación)

Historia del objeto

Premios: Delta de Plata, 1963, ADI FAD, Barcelona ; Primer Premio de Diseño Industrial, 1965, Bienal Punta del Este, Punta del Este, Uruguay ; Medalla d'Or, 1965, Monde Selection, Bruselas, Bélgica ; Premio Nacional de Embalage, 1966, Instituto Nacional de Embase y Embalaje ; Eurostar, 1966, European Packaging Federation

Bibliografía

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Agua Lavanda Barcelona