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Brendli

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Brendli
Nombre del objeto caja
Título / Nombre propio Brendli
Autores / participantes Ricard Sala, André / disseny
Bomboneria Brendli / producció / Barcelona: 1963 - c.1999
Lugar de ejecución Barcelona
Datación 1963
Dimensiones 4.5 x 17 x 26 cm
Material cartón corrugado
cartón
cinta de lazo
satén
Material / técnica Cartró, cartró ondulat i cinta de setí
Ingreso donación, 2001
Número registro MADB 136715

Descripción

Corría el año 1963 cuando a Ricard lo llamó la señora Mercè Anglada, propietaria de la bombonería Brendli de Barcelona. Quería encargarle un embalaje para los chocolates que vendía en su tienda. El diseñador pensó inmediatamente en un producto que no sólo hablara del contenido, sino que además no ocupara espacio, pues la tienda era pequeña y no contaba con un gran almacén donde guardar las cajas. Así pues, Ricard aplicó la teoría del just in time y de la optimización del espacio que hoy en día promulgan todas las empresas. Diseñó un embalaje que ocupa poco porque se guardaba plegado y la caja sólo se montaba cuando se necesitaba. Si era preciso, el montaje se podía hacer en ratos perdidos, cuando no había clientes a los que atender, y eso ayudaba a resolver el problema en épocas en las que había mucho trabajo y no había tiempo para montar las cajas justo en el último momento. El diseño de Ricard está pensado como si se tratara de una especie de puzle en el que se han de encajar diferentes piezas. La caja consta de cuatro partes. Una primera estructura está formada por un cartón ondulado de color natural que hace de esqueleto y proporciona rigidez a la caja. La segunda, que hace de forro y oculta la estructura anterior, es un cartoncillo blanco trepado en el que están marcados los pliegues que hay que hacer para montarla. Dentro de esta estructura blanca va montada otra, también de cartoncillo, pero metalizado, que tiene una doble función: por una parte, ayuda a conservar mejor el chocolate y evita que se manche la caja, y por otra proporciona al embalaje cierto carácter de lujo, de acuerdo con la tradición de las cajas de bombones más convencionales. Finalmente, la tapa, formada exteriormente por un cartoncillo blanco e interiormente por otro metalizado, tiene dos pestañas que se introducen entre el forro blanco y la caja interior metalizada. Todas las partes son lisas, excepto la parte exterior de la tapa, que tiene una decoración en relieve formada por pequeños cuadrados que recuerda la de algunos productos de los talleres vieneses. La marca del producto, que coincidía con el nombre de la tienda, figuraba en todos los laterales y en la tapa. La tipografía empleada era muy sencilla y estaba estampada en un color neutro que se ajustaba a la línea de sobriedad de toda la caja. En la base se indica el nombre del diseñador, “André Ricard CDI Centro Diseño Industrial”, y el número de patente del producto. El toque final es un lazo zapatero hecho con una cinta de satén de unos cuatro centímetros de anchura –en nuestro caso de color marrón, aunque había otros colores–, que sirve para cerrar la caja. La cinta se pasa por debajo y se introduce en unas ranuras hechas en los laterales para que las dos puntas salgan finalmente por la parte superior. El tipo de lazo no se eligió de forma aleatoria, sino que, al ser un lazo plano, queda hundido en el hueco que hay entre la tapa y la zona de altura máxima de la caja (si observamos el objeto de perfil, comprobaremos que la parte superior tiene forma de U). Esto permite que las cajas se puedan apilar sin que se deforme el lazo. Este detalle, además de aportar un toque original y elegante, ahorraba el papel de regalo con el que se envolvían en las pastelerías las cajas de bombones. La doble solución aportada por Ricard gustó y les pareció ingeniosa tanto a la propietaria de la tienda como a los miembros del jurado de los premios Delta, que le concedieron el Delta de Plata de 1963. Este diseño se produjo de forma ininterrumpida hasta finales de los años noventa, cuando se dejó de hacer no porque hubiera quedado obsoleto, más bien al contrario, pues los embalajes eran uno de los elementos distintivos del establecimiento, sino porque la bombonería cerró cuando se jubiló su propietaria. Ésta fue una de las primeras incursiones de Ricard en el diseño de packaging, si exceptuamos los frascos de colonia y perfume que ya entonces había empezado a diseñar para la empresa Antonio Puig Perfumes. Como siempre, su interés por la funcionalidad lo llevó a buscar soluciones que iban más allá de las exigencias propias de un embalaje (contener el producto, provocar un impacto visual inmediato para que el usuario lo memorice, que se distinga de su competencia, etc.). Esta caja fue el principio del tándem Brendli-Ricard, que siguió funcionando durante unos cuantos años. Ellos fueron los pioneros en la aplicación del diseño en este sector, y, años más tarde, otras pastelerías y bombonerías siguieron su línea. Maria José Balcells

Historia del objeto

Premis: Delta de Plata, 1963, ADI FAD, Barcelona.

Bibliografía

Ricard, A. (1994). André Ricard, disseñador: conversaciones con José Corredor-Matheos. Barcelona: Ediciones del Serbal, 72

André Ricard: el disseny del quotidià [catàleg d'exposició] (1999). Barcelona: Fundació Joan Miró, 53

André Ricard. El peso de la experiencia (1995). Diseño interior, 42, 100-101

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