TMC
Volver al listado| Nombre del objeto | lámpara de pie |
|---|---|
| Título / Nombre propio | TMC |
| Autores / participantes |
Milá, Miguel (1931 - 2024) / disseny Santa & Cole, Ediciones de Diseño / producció / Barcelona, a partir de 2011 Polinax (1965 - 1982) / producció / Vilanova i la Geltrú, Barcelona: 1965 - 1982 Tramo (1964 - 1975) / producció / Barcelona: 1960 - 1965 BD, Ediciones de Diseño (1972 - 2007) / producció / Barcelona: 1983 - 2011 |
| Lugar de ejecución | Vilanova i la Geltrú |
| Datación | 1960 |
| Dimensiones | 169 x 30 x 41 cm; 20 x 30 x 30 cm |
| Material |
acero metacrilat de metil |
| Material / técnica | Acero y metacrilato de metilo |
| Ingreso | donación família Campi Valls, 1994 |
| Número registro | MADB 135619 |
Descripción
Esta lámpara de pie es, probablemente, junto con algunas otras piezas (como las aceiteras de Rafael Marquina), uno de los objetos inevitablemente citados cada vez que se habla de diseño en Cataluña y en España. Como han dicho algunos diseñadores de la generación posterior –Jordi Mañà, Óscar Tusquets–, con ésta y otras lámparas, también diseñadas por él, Miguel Milá cambió completamente la idea de lo que es una lámpara. Sin embargo, la lámpara TMC, siglas que significan “tramo móvil cromado”, sólo es un momento de un largo proceso de diseño y rediseño del mismo principio, donde las variaciones afectan a los diversos elementos que la componen. Tipológicamente, la lámpara estaba completamente resuelta en 1960, pero no fue hasta 1961, cuando obtuvo el Delta de Oro, que se dio a conocer. Como el propio autor ha explicado en diversas ocasiones, en 1956 su tía Núria Sagnier, de profesión escritora, le encargó el diseño de su despacho. Milá quiso poner una lámpara de pie con una pantalla que se desplazase verticalmente por un eje de soporte, de manera que resultase cómoda tanto cuando se está sentado como cuando se está de pie. Posteriormente, cuando Milá ya trabajaba por su cuenta, siguió interviniendo en la lámpara. Probó materiales para la estructura y la pantalla, e investigó cómo tratar el cable eléctrico, además de los mecanismos del interruptor. En 1957 hizo una nueva versión “con un contundente pie –explica Milá– compuesto de dos tablas de madera de nogal y una pantalla de metacrilato que se desliza entre las dos tablas frenada por un paralelogramo elástico”. Esta lámpara tenía el cable eléctrico visto y ya tenía la base de metal pintado en forma de cruz. Un año más tarde, apareció la lámpara, que se produciría como TMC. Vale la pena seguir el razonamiento de Milá: “Nació lo que propiamente sería la TMC, inicialmente en tubo cuadrado de hierro de una pieza y pintado de negro con el pie asimétrico para equilibrar el desplazamiento de la pantalla. Ésta era de plancha de metacrilato blanco translúcido, y podía subir y bajar a voluntad a lo largo del trecho superior, pudiendo fijarse su posición mediante unos agujeros en los que se introducía el asa, que actuaba de traba. Más adelante, para evitar que el desplazamiento de la pantalla dañase la pintura, se pensó en cromar la mitad del tubo por el que se deslizaba la pantalla. Además, el brillo del cromado aligeraba el aspecto del pie.” En otro contexto, Milá afirmó que la idea de dividir la estructura en dos partes respondía también a la voluntad de simplificar el embalaje. En 1983, junto con el arquitecto Pep Bonet de BD Ediciones de Diseño, la rediseñaron y simplificaron algunos aspectos y mejoraron los mecanismos. En los años noventa, siempre con BD, salieron nuevas versiones, como la de latón dorado. Gracias a este largo proceso de diseño y rediseño, la lámpara TMC es un modelo muy depurado, pero ya lo era en 1961. Se han simplificado al máximo todos los mecanismos de funcionamiento: el deslizamiento de la pantalla por un montante, que es un único perfil de acero cromado; la sujeción, mediante un asa articulada que entra en unos orificios distribuidos cada 10 cm en este perfil; el pie de acero pavonado de color negro soldado a una base formada por dos perfiles cruzados en una x asimétrica y un interruptor incorporado en el mismo cable eléctrico. Todo es asimétrico y está compensado orgánicamente pese a que la impresión que proporciona es que se han respetado las formas geométricas simples. La pantalla, que parece un cilindro regular, tiene en realidad forma de pera. Esto evita que se deforme a causa de su propio peso. Las versiones posteriores han mejorado sobre todo aquello que no se ve, pero que se valora cuando se utiliza. Han variado los materiales: el hierro pintado al fuego se ha sustituido por acero pavonado, latón dorado o aluminio; y el latón cromado se ha sustituido por el acero. También se ha perfeccionado el mecanismo del interruptor sin que esto haya producido ninguna complicación innecesaria. Ahora bien, a pesar de todos los cambios consignados, la lámpara de pie TMC continúa siendo la misma. Tiene personalidad propia. Esencialmente es un gesto, el gesto de dos dedos que estiran un cable hasta que se oye un clic y que después lo sueltan con la misma suavidad. Por esto ha llegado a consolidarse como un verdadero clásico. El argumento por el que se le concedió en 1986 el premio ADI FAD a los 25 años fue: “por la renovación conceptual de este tipo de objeto que hoy en día sigue siendo totalmente vigente y actual”. Pero, además, tal como destacaba Federico Correa, “lo que convierte este diseño en extraordinario es que puede estar en todas partes”. Y así es. Desde 1961, TMC ilumina muchos hogares de la ciudad, cases de veraneo, locales públicos, despachos, salas de espera, etc. Prácticamente nunca ha dejado de producirse, y las ventas de las diversas versiones siempre se han mantenido constantes. Anna Calvera
Historia del objeto
Premios: Delta de Oro, 1961, ADI FAD, Barcelona ; Delta de Oro de los 25 años, 1986, ADI FAD, Barcelona
Bibliografía
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