tenaza de hielo
Volver al listado| Nombre del objeto | tenaza de hielo |
|---|---|
| Autores / participantes |
Milá, Miguel (1931 - 2024) / disseny Polinax (1965 - 1982) / producció / Vilanova i la Geltrú, Barcelona: 1965-c.1971 Gres / producció / Barcelona: c.1971-1978 |
| Lugar de ejecución | Barcelona |
| Datación | 1965 |
| Dimensiones | 16.6 x 4.5 x 1.5 cm |
| Material | acetal |
| Material / técnica | acetal |
| Ingreso | donación Gres SA, 1994 |
| Número registro | MADB 135621 |
Descripción
Si las pinzas para hielo de Miguel Milá obtuvieron un Delta de Plata en 1965, las de André Ricard ya habían obtenido uno de Oro en 1964 (MADB 135414-MADB 134416), y el propio Milá también había obtenido uno en 1963 con una cubitera de poliestireno expandido. En 1971 todavía diseñaría otra, en esta ocasión de plástico inyectado y metacrilato en la tapa. El hielo siempre ha sido un componente de la alimentación y la conservación de los alimentos. En los hogares, la cultura del hielo es muy antigua y ha pasado por diversas fases, desde las heladeras hasta los congeladores actuales. A partir de los años sesenta, con la difusión masiva de los frigoríficos eléctricos, los cubitos se integran en la normalidad de la vida cotidiana y, por tanto, es lógico que se piense en la producción de utensilios destinados a manipularlos en términos de gran consumo: abaratamiento de costes, utilización de nuevos materiales como el plástico y procesos industriales a gran escala. Unas pinzas son una idea bastante elemental para coger y transportar cubitos de hielo, vistos los numerosos precedentes de las cuberterías estándar, precedentes heredados de las normas de etiqueta y los criterios higienistas del siglo XIX: pinzas para servir terrones de azúcar, pastas, trozos de frutas, etc. La forma de este nuevo utensilio, pues, seguía siendo mimética respecto a sus antecesores, al menos en cuanto a la estructura, y el único condicionamiento era actualizarla estilísticamente eliminando antiguos ornamentos. Sin embargo, el éxito de unas pinzas especialmente pensadas para el hielo se debe a la implantación y el aumento de locales públicos, como los bares y los restaurantes. La cultura del hielo llegó con la moda del ”american bar” y los cócteles en los años de la Primera Guerra Mundial, cuando las long drinks sustituyeron a las bebidas tradicionales servidas en los cafés y las tabernas. En los años sesenta, además, en las empresas de servicios más modernas el whisky se imponía en las relaciones públicas, de modo que también en las empresas se necesitaban cubiteras, bandejas y pinzas. Los aspectos que más claramente definen estas pinzas como un producto de su tiempo son el material (plástico inyectado) y los colores: había pinzas de diversos colores, todos saturados, como correspondía a la época. El plástico es un material que no tiene color y hay que dárselo con un tratamiento específico, lo que siempre le ha dado la imagen de producto artificial y popular. Si los colores son saturados y primarios, entonces estamos a las puertas del pop. En cuanto al diseño, todas las pinzas son un buen ejemplo del planteamiento biónico más elemental. Son la representación mimética de un gesto, del movimiento de la mano, a menudo considerada la mejor pinza y la más polivalente. A diferencia de las pinzas diseñadas por André Ricard (1964), que proponían una inversión del gesto en el funcionamiento y, por tanto, un cambio en la estructura conceptual de las pinzas mediante una palanca, las de Milá siguen la tradición. Según el acta, el jurado le concedió el premio por los siguientes criterios: “Franca solución en un material conveniente, que ofrece la posibilidad de diferentes usos. Correcta la forma inserida en un lenguaje actual.” El diseño de estas pinzas se reduce a una operación de actualización formal para adaptarlas a un nuevo proceso productivo y a un nuevo material. A pesar del premio otorgado, estas pinzas nunca fueron muy bien recibidas, ya que se convirtieron en el símbolo de la sensación de fracaso que se extendió entre los miembros de ADI/FAD a mediados de los años sesenta. Todos los comentaristas de la exposición de los Delta 1965 en el Hogarotel de aquel año coincidieron en que “es un mal síntoma que cada año se tengan que premiar unas pinzas para hielo, o unas cuantas lámparas elegantes” o que “la tónica dominante sea la de un cierto cansancio, de una repetición de temas”. Hacía varios años que Rafael Marquina, el portavoz de ADI/FAD, clamaba en favor de objetos más “industriales”, “objetos de uso público”. Seguía el ambiente de cruzada y los resultados alcanzados no acababan de satisfacer las prisas de quienes pusieron en marcha la cultura del diseño en Barcelona. Anna Calvera
Historia del objeto
Premis: Delta de Plata, 1965, ADI FAD, Barcelona.
Bibliografía
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Acta del jurado de los Premios Delta 1965 (1965). Cuadernos de arquitectura. 62, p. 34-36
Domènech Girbau, L. (1967). Deltes del 1966. Serra d'or. (1967), 2, p.71-72
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Julier, G. (1991). New spanish design. Londres: Thames & Hudson
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Diseño industria (1965)l. Dins Prag: arte gráfico español, 2, p. 50-51
25 años de diseño industrial: los Premios Delta (1986). Barcelona: Gustavo Gili, SA, ADI FAD, 68
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