aceitera
Volver al listado| Nombre del objeto | aceitera |
|---|---|
| Autores / participantes |
Marquina, Rafael (3-11-1921 - 5-6-2013) / disseny Mobles 114 / producció / Barcelona: a partir de 2000 Nani Marquina. Diseño y Promoción, SL / producció / Barcelona: 1990-2000 |
| Lugar de ejecución | Barcelona |
| Datación | 1990 |
| Dimensiones | 22.5 x 8.5 x 8.5 cm; 21.5 x 8 x 8 cm |
| Material |
acero inoxidable vidrio |
| Ingreso | donación Nanimarquina, 1995 |
| Número registro | MADB 135944-0 |
Descripción
Estas vinagreras son fruto del encargo que la editora Nani Marquina hizo al diseñador y arquitecto Rafael Marquina. A principios de los años noventa, Nani Marquina quiso hacer una reedición de las entonces ya clásicas “vinagreras Marquina” (MADB 135612, MADB 135613) diseñadas por su padre en los años sesenta y, al mismo tiempo, sacar al mercado una versión con una apariencia más actual. El diseñador realizó una adaptación que consistió básicamente en la sustitución del pico de vidrio por otro de acero inoxidable. A finales de los años ochenta, la década de la popularización y de la moda del diseño, el diseño catalán era ya una referencia obligada en el panorama mundial. La cultura del diseño había cambiado, y el lenguaje de las formas, también. De hecho, el ideal del gran consumo, símbolo de la gran industria y de su desarrollo, y, por tanto, la imagen del gran público como destinatario del diseño, había quedado al margen, y ahora, en las postrimerías de la posmodernidad, un público destinatario compartimentado según el estilo de vida exigía una compartimentación en las propuestas de diseño clasificadas por sectores. En el caso de unas vinagreras como las diseñadas por Rafael Marquina en la década de los sesenta, que desde la elite cultural se habían extendido a toda la población para convertirse en un objeto de gran consumo, un rediseño implicaba necesariamente cambiar de sector. Así, mediante la estilización de la forma y el cambio de material en el pico (donde el acero inoxidable sustituye al vidrio), las vinagreras se convertían en un objeto de regalo, transformado en referente de sí mismo y en un objeto “de diseño” consciente y seguro de sí mismo. De hecho, y desde un punto de vista simbólico, el acero inoxidable es más coherente que el vidrio con el estilo duro que la cultura high tech del momento había difundido como estilema del diseño avanzado. Por otra parte, el embalaje, constituido por una especie de cesto de paja, es una cita de la gran sensibilidad de la artesanía japonesa, que por entonces fascinaba a Marquina, aunque está en contradicción con el planteamiento industrial que lo había guiado durante el rediseño. En cuanto a la peripecia personal de Marquina como diseñador, el proceso es muy largo y variado. En los años sesenta, sus vinagreras eran un producto marginal, prácticamente inexistente en el mercado. El fracaso de ventas chocaba inexplicablemente con el crecimiento del sector turístico español. Marquina se dedicó a buscar otras propuestas de vinagreras, pensando en la hostelería. Hizo algunos prototipos en los que combinó vidrio y plástico, y reintrodujo las asas. Eran intencionadamente populares, incluso vulgares. Después, a medida que pasaban los años setenta y mientras en diseñador trabajaba fundamentalmente en Madrid, sus vinagreras reaparecieron en el mercado y se consolidaron poco a poco como un objeto común en las casas y en aquellos pequeños restaurantes surgidos con la recuperación de la gastronomía por parte de los progresistas de la época de la transición. Cuando Marquina decidió reanudar la producción de sus vinagreras, se encontró con que era muy difícil mejorar las imitaciones que de ellas se hacían. Así pues, pensó que la única posibilidad era “industrializarlas” más, abaratar los costes de producción y hacerlas más competitivas. Pero no dio con la solución, ni tampoco con el fabricante que las hiciera como él quería. Las que durante los años ochenta produjo él mismo, eran, y son, más caras que las imitaciones. Por eso, una buena salida podía consistir en cambiar de sector y situar las nuevas vinagreras en otra franja de mercado; en este sentido, el discurso de la industrialización podía tener un nuevo significado cultural. El carácter industrial de las piezas de diseño es una cuestión antigua en el pensamiento de Marquina. Fue el tema de debate en los primeros escritos sobre diseño industrial publicados en Cataluña. Si la escuela coderchiana había optado definitivamente por trabajar en la difícil frontera entre artesanía e industria, Marquina pensaba de manera un tanto diferente. Si bien creía que la riqueza de tradiciones artesanales constituía un buen legado y un valor en sí mismo, el futuro estaba en la plena industrialización de las soluciones, y esto era tanto un problema de mentalidad como un ideal productivo al que tarde o temprano se llegaría, pese a la situación de la industria local. A finales de los años ochenta, superada la reconversión industrial del país, la industria era un hecho, y la investigación podía partir de premisas y contextos totalmente diferentes. Pero lo industrial ya era también un lenguaje formal y, como tal, un estilo, una forma de preciosismo basada en la perfección de los acabados de unos materiales muy tech. La suma de todo ello dio como resultado las vinagreras de 1990. Fueron seleccionadas ese mismo año para la muestra MID, presentada en la feria Rehabitec de Barcelona, y también para los premios Nuevo Estilo otorgados por esta revista en Madrid. Anna Calvera
Bibliografía
Diseño nacional 90 (1990). Ardi, 18, 146-183, 166
Instrumental para el deleite. Objetos y utensilios de sobremesa (1993). Ardi, 35, 108-125, 119
Capella, J., Larrea, Q. (1991). Nuevo diseño español. Barcelona: Gustavo Gili SA, 27, 42-44
Marquina, R.(1992). Vinagreras Marquina. On Diseño, 131, p. 198-201
Marquina (1990). On Diseño, 115, p. 190.
Novedades del SIDI en la Mostra Internacional de Disseny (MID) (1992). On Diseño, 134, p.188-221
